A LA CAZA DE LAS PARTICUILLAS DE LA VIDA

En las partes centrales de los océanos subtropicales, a cientos y miles de kilómetros de los continentes, se mire para donde mire, la única singularidad que se observa es el horizonte que traza la perfecta separación entre mar y cielo, y la única actividad aparente es el obstinado y caótico ondular de la inmensa superficie. Este ambiente no es particularmente amigable para la vida. La fuerte estratificación térmica, debido a las elevadas temperaturas y fuerte radiación solar, hace que la llegada desde aguas más profundas de los nutrientes necesarios para el crecimiento del fitoplancton se vea fuertemente limitada. Las aguas son de color azul marino intenso, pero transparentes, y eso nos da una idea de que no son excesivamente abundantes los organismos que viven en ellas.

El asunto cambia de manera radical cuando uno, viajando hacia el este, se acerca a la costa de los continentes. Los vientos alisios, que soplan con fuerza en estas latitudes, arrastran agua superficial de las costas hacia el interior del océano -allí de donde veníamos- y, para llenar el hueco vacío, las aguas de las profundidades emergen hacia superficie. Este es un fenómeno conocido con el nombre de afloramiento. Estas aguas profundas son frías y llegan a superficie cargadas de nutrientes minerales, los cuales posibilitan una explosión de vida como ocurre en pocos lugares del planeta. Las aguas toman un color verdoso espeso y apagado, y animales, como calamares o delfines, se pueden observar con relativa facilidad. Esta extraordinaria productividad biológica, tiene como resultado una importante acumulación de biomasa en todas sus formas, desde grandes peces y mamíferos marinos a diminutas moléculas orgánicas disueltas en el agua.

A parte de las importantes pesquerías que sostienen, estos sistemas de afloramiento costero juegan un papel ecológico fundamental: una gran parte de la materia orgánica acumulada en ellos es transportada por las corrientes que viajan hacia el interior de los océanos, representando un inmenso flujo de carbono. Además, al ser consumida por bacterias durante su viaje, la materia orgánica viajera actúa como fertilizante para la vida en las grandes regiones centrales y aisladas del océano de las que antes hablamos.

Durante la campaña de FLUXES I, estamos haciendo un viaje de ida y vuelta, desde las aguas verdosas y llenas de vida de la zona de afloramiento costero del Norte de África (Frente a Mauritania y Senegal), hacia las aguas profundamente azules y transparentes del giro subtropical del Atlántico norte. Una de las tareas fundamentales de las personas que formamos parte del equipo del Instituto de Investigaciones Marinas de Vigo es determinar la concentración de materia orgánica en el agua, desde la superficie hasta el fondo, allá por unos 4000 m. Conocer esta concentración nos permitirá saber que cantidad de materia orgánica viaja desde la región costera de afloramiento hacia el interior del giro y, también, cuanta se consume durante el camino, para así entender mejor el papel de estas regiones en el ciclo del carbono y en la fertilización del giro subtropical.

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En concreto, mi misión dentro de la campaña FLUXES I está destinada a determinar la concentración de materia orgánica en forma de pequeñas partículas, con un tamaño mímino de 0.7 micras, que son fundamentalmente células de plankton unicelular, bacterias, otros pequeños organismos o restos de los mismos. A pesar de su pequeño tamaño, se cree que estas abundantes partículas pueden representar la mayor parte del carbono viajero en la región. Para llegar a conocer la concentración de partículas, el primer paso es filtrar el agua recogida con la roseta a través de unos pequeños filtros de 0.7 micras de tamaño de poro, en los que las partículas quedan retenidas. Posteriormente, los filtros se analizarán en tierra. Así pues, mi tarea en esta campaña es filtrar cantidades indecentes de agua con el ingenioso sistema que veis en la foto. A día de hoy ya he filtrado más de 2700 litros y seguramente pasaré de los 3000 al final de los trabajos. Todo es poco para desvelar los misterios del océano!

Bieito Fernandez Castro

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